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Redes y articulaciones para enfrentar el Coronavirus

Actualizado: 16 de abr de 2020

(Escribe: Elizabeth Salcedo) "Nunca antes habíamos visto una pandemia provocada por un coronavirus y nunca antes hemos visto que pueda controlarse al mismo tiempo” (Tedros Adhanom, Director General de la OMS).

Es muy importante que en vez de seguir difundiendo noticias de alarma, podamos encontrar algunas rutas de intervención que nos permitan controlar el curso de la epidemia en los ámbitos de actuación que estén a nuestro alcance.

Sin duda la principal responsabilidad recae en los gobernantes de los tres niveles de gobierno, no solo por su investidura como líderes políticos, sino porque bajo su responsabilidad tendrán que operar las medidas de política para actuar frente al virus. Y no nos referimos solo a las políticas de salud, sino que se trata de activar la acción conjunta de todos los actores relacionados con la acción directa o atención de los casos: detección de casos, tratamiento y aislamiento; y con la prevención que involucra la información, el desarrollo de la conciencia social, las medidas o regulaciones necesarias para evitar el contagio.

¿Nos preguntamos, que funciones y procesos, que órganos y que articulaciones existentes en el aparato público deben activarse ante esta epidemia?

La respuesta casi inmediata es que este tipo de peligros biológicos capaces de desencadenar una emergencia no solo sanitaria, no han sido claramente previstos desde la estructura habitual de funcionamiento del Estado, y que las supuesta articulación intergubernamental e intersectorial, que mencionan las normas, y que promueve la PCM, en la realidad no opera o lo hace débilmente, por lo cual algunos funcionarios de gobierno pueden estar pensando impulsar una “nueva estructura de articulación” para enfrentar el problema.

Desde el enfoque de redes de políticas publicas diferenciamos las estructuras de articulación gubernamental de las redes. Las primeras las asumimos como estructuras formales, impulsadas casi siempre “verticalmente” desde el aparato de gobierno, para responder a un objetivo o resultado pre fijado que en este caso sería responder a la epidemia. Los actores que mayormente participan de estas estructuras son estatales, movidos por el mandato de una norma. La red en cambio, nos dice de una estructura de articulación menos formal, más natural, que se sostiene en la interdependencia de actores diversos y redes pre-existentes, que podrían ser activadas, persuadidas, promovidas, fortalecidas para actuar frente a la emergencia.

Ambas son formas de articulación que no se oponen, que pueden complementar su acción, pero que en la práctica han demostrado un diferente nivel de eficacia, condicionado por los recursos[1] que cada estructura es capaz de movilizar, la legitimidad de los actores allí involucrados, y la sostenibilidad que pueden dar a los procesos.

Al no haber una real articulación intergubernamental e intersectorial en la mayor parte de los territorios a nivel nacional, quizá la creación de esta “nueva estructura”, llámese, comisión, comité u otra instancia para enfrentar el COVID-19, pueda llamar al orden y compromiso de los actores políticos para ponerse al frente del proceso. Pero esta medida formal no bastara. Las redes, es decir las articulaciones reales, naturales, pre-existentes son las únicas que pueden sostener los cambios que se requieren hacer para controlar la epidemia, sobre todo en el nivel preventivo.

Es probable que muchos gobernantes y estructuras formales de articulación intergubernamental no tengan identificados estos actores y redes, que en varios casos involucra ya la acción pública local o regional. Es también probable que la práctica habitual de gestionar las políticas, prescindiendo de la participación social, haga que los vínculos con estos actores sean débiles o inexistentes. Pues bien, ahora la acción de todos ellos es importante, en los roles naturales que cumplen. Su identificación y reconocimiento como actores claves en esta tarea, es el primer paso para la acción preventiva y la atención directa.


[1] Entiéndase recursos en un sentido amplio: información, conocimiento, poder legítimo, recursos financieros, etc.

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